13 de 09 de 2017

¿Teñirse el pelo por temas laborales?

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Sí, una ejecutiva de Silicon Valley cuenta su historia: tuvo que cambiar su apariencia para impulsar su carrera profesional. ¡Léela aquí!

“Teñí mi pelo de castaño para que me tomaran en serio en el trabajo”, dice Eileen Carey, quien con treinta y pocos años de edad, es directora ejecutiva de una compañía de Silicon Valley, la meca de las empresas tecnológicas en California, Estados Unidos.

Pero para llegar ahí, no todo fue fácil. Según cuenta, tuvo que cambiar su aspecto para poder abrirse paso en el mundo de la alta dirección en este sector. “El secreto fue teñir mi pelo rubio con un tinte castaño, deshacerme de los tacones y cambiar mis lentes de contacto por unas lentes al viejo estilo”, recuerda.

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La primera vez que se tiñió el pelo fue por el consejo que le dio una mujer que trabaja en una compañía de capital de riesgo, quien le contó que los inversores en general se sienten más cómodos con una mujer con el pelo más oscuro.

Esto porque, en teoría, las mujeres castañas obtienen más fácilmente el reconocimiento como CEO (máximo cargo ejecutivo en cualquier compañía), y es que el consejo que recibió Carey responde al patrón de reconocimiento que sugiere que la gente tiende a buscar referentes que les resulten familiares y les hagan sentirse más seguros a la hora de asumir riesgos.

“Aparecer con el pelo castaño me ayudó a parecer un poco mayor y sentía que lo necesitaba para que me tomaran en serio”, señala la protagonista de esta transformación.

Esto bajo su perspectiva se debe también a que a las rubias se las ve en general como “fetiches”, “es mucho más probable que la gente se me acerque en un bar siendo rubia, pero para tener éxito en la industria de la tecnología es mejor evitar llamar la atención, especialmente en un sentido sexual”, agrega.

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Siguiendo está máxima, la empresaria cambió no solo el color de su pelo. También se puso lentes de ver y comenzó a vestir prendas poco ceñidas, casi “andróginas”, en el trabajo.

“Quiero que me vean como una líder en el mundo de los negocios, no como un objeto sexual. Ese es un límite que se cruza muy a menudo en este ambiente”, concluye.

Fuente y fotos: La Tercera.com

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